viernes, 26 de agosto de 2011

Ahora que el año todavía es viejo

Ya pasó un tiempito desde el lanzamiento del disco Los chicos, de Pebedas, y se fueron amontonando ideas, sensaciones, interpretaciones y reinterpretaciones al calor de sucesivas capas de escucha, hasta que (¡por fín!) apareció la pausa necesaria para sentarse a escribir, ¿muy lejos? del agobiante y solitario enero que enmarcó la concepción misma de (y se adhirió a) la obra.

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Si extrañás esos días de año nuevo, porque hace calorcito, se festeja, se come mucho, se bebe mucho, y hay muchas luces de colores y muchos fuegos artificiales y muchos cuetes (de los unos y de los otros)... bueno, Pebedas te recuerda suavemente que no siempre todo (ni todo siempre) es tan brillante como se lo evoca y que empezar el año, visto desde la mitad de la cuesta, puede no corresponder con lo que realmente es cuando es "aquí y ahora". No dice "año nuevo es una mierda", sino que describe las sensaciones con un "me aburro, tomo sidra tibia, estoy sentado en el cordón, y a eso de las tres otra vez voy a estar sentado en el sillón". Aunque a pesar de eso, con tono entre melancólico y sarcástico, nos/te/se desea felicidad. ¿Qué más se puede hacer?

Pausado, en un fragmento minimalista, pinta una imágen perfecta de la soledad: "ver tu sombra en la pared y no encontrarte en la casa", y esa búsqueda de la imágen cotidianamente poética parece recorrer todo el disco. Es apenas el principio, que estalla con un casi rabioso "y salgo" (que le da nombre a la canción), repetido como fórmula de autoconvencimiento. Y sin embargo, pleno de simbolismo, el final esconde el eco de aquel primer verso del tema pergeñado con la complicidad de Flor dg.

Claro que antes habían pasado tres canciones de belleza particular. La diagonal (también en coautoría con Flor dg), No hay línea (cuya introducción rítmica juega de izquierda a derecha, altamente recomendable para escucharla con buenos auriculares), y Santo cielo, con su tensa calma y la certeza de que "nadie va a buscarte si te perdés en altamar".

Hay una huella muy interesante que retoma Pebedas desde lo musical: la de los teclados del rock nacional de fines de los '60. Este detalle recorre prácticamente todo el disco, pero principalmente en Tus memorias aparece una sonoridad fogliateana que acaricia al oido atento. Algo similar pasa con la introducción y los intermedios de Los chicos.

Precisamente esos dos temas son el punto final, muy oportunamente por el clima final que logra. Si a lo largo del disco tiende principalmente hacia expresiones oscuras y si (en ese sentido) el climax está dado por Necesito, está muy bien despacharnos con Tus memorias y Los chicos que, sin perder la mirada por momentos sombría y por momentos irónica, tienden a la ventana abierta para ventilar. Aún con la sensación de la frase final: “acá nada mejora”, que suena más a chascarrillo que a lamento.

Todo lo que suena es obra del propio Pebedas, y es verdaderamente gratificante la buena conjunción instrumental. También, y a pesar de la disconformidad manifiesta del músico, la voz tiene buenos pasajes y juegos de contrapunto más que interesantes.

El disco virtual, la artística y toda la data (incluyendo letras) están disponibles en la página del sello independiente Uf Caruf! (esa hermosa cajita de música 2.0) o en el blog de Pebedas. También hay edición física en CD en disquerías platenses, lo cual viene siempre bien para bancar a los artistas que se lo merecen. Pero seguramente nada se compara a tener la edición en cassette, con la cinta estirada en Salgo, por ejemplo, de tanto rebobinarlo para escucharlo otra vez.

2 comentarios:

PEBEDAS dijo...

Viejo, seguro nos conocemos o nos hemos cruzado. Agradezco muchísimo el afecto y las buenas ondas de esta nota. Cuando quiera mandem un mail y le caigo con una copia en cassette.
Un abrazo grande y de nuevo muchas gracias!
Pedro

emebé dijo...

Un granito de arena para un disco lindo. Ya te invitaremos a la azotea!
Un abrazo.