martes, 27 de marzo de 2012

En la orilla del océano


Antes de darle play, volúmen. Todo lo que se pueda. Después, agarrarse de algo. Entonces si, que comience la función. Es que el disco debut de Güacho da la clave desde el inicio. Un riff de guitarra potente, una batería al palo, y el bajo que completa una pared de sonido sorprendente, muy hard. Claro que eso no es lo único que define al trio (ni al disco) pero como inicio destila una fuerza muy particular, que irán regulando a lo largo de los cinco primeros temas (de seis en total). El final viene con sorpresa, pero para eso falta.

Sol negro (tal el nombre del tema que abre Vol. I-En la orilla del océano) arremete con esa especie de patada en la boca del estómago y se transfigura lentamente para ir dando otras claves: algún ambiente psicodélico, voz levemente atrás, letra breve, variaciones rítmicas, algún dejo stoner particularmente volador. En fin, una buena cantidad de recursos que invitan a lanzarnos confiados (aunque con vértigo) a descubrir como sigue.

La mitad de los temas tienen letra, aunque en general breves, por lo que hablamos de una banda casi instrumental. De hecho, esto forma parte del concepto del disco, ya que en cuanto a letras y voces tiene lo necesario. Ni agrega de más, ni falta conceptualmente una sola estrofa. Por otra parte, en cuanto a lo musical, los pasajes instrumentales tienen un buen desarrollo sin excesos de virtuosismo ni demostraciones acrobáticas exageradas o superfluas. En síntesis, tiene lo que tiene que tener. El equilibrio en ese sentido, es sorprendente.

Ya en Vuelo submarino (Episodio II) aparecerán algunos elementos sonoros experimentales, que se mantendran entrando y saliendo oportunamente en distintos momentos agregandole una textura más a la banda. Incluso se atreven con los silencios: Amanecer en la frontera es una gema que inicia psicodélica, pasa por riffs hard, y contiene dos cortes que le ponen una tensión llamativa.

Como cierre, otra perla: El regreso del Capitán es un instrumental con sitar. La inclusión de un instrumento no tradicional (aunque, ¡vaya novedad!, muy ligado al género) aporta un cierre relajado ideal. Es precisamente la ubicación del tema lo que le da sentido, y lo aleja de toda presunción exótica.

Editado bajo la advocación de Tomás del Mar Muerto, el disco puede escucharse on line y descargarse gratuitamente desde la página de la banda. La gráfica se ve muy bien trabajada, así que cuando salga el disco en edición física estará muy bien comprarlo y hacerle el aguante a los guachos.

Track list:

1- Sol Negro
2- Vuelo submarino (Episodio I)
3- Vuelo submarino (Episodio II)
4- El frío verdadero
5- Amanecer en la frontera
6- El regreso del Capitán

Ficha técnica:

Todos los temas compuestos y ejecutados por Güacho: Hernan Torres, Joaquin Castillo, Lisandro Castillo
Invitado: Gabriel Lopez (sitar en El regreso del Capitán).
Grabacion e ingenieria del aguante: Hernan Sileoni.
Mezclado por j.c. para Tomás del Mar Muerto.
Masterizado por Juan San Martin.
Ilustracion L.A. Borzi.

Bonus track:

En De garage hay una entrevista bárbara.

viernes, 23 de marzo de 2012

A primera vista

El día que terminaron de grabar fueron a Estación provincial para tocar con Prana. Fue el 29 de julio del año pasado. Hiceron el (todavía no) disco de punta a punta y se los notaba felices, relajados, divertidos, cansados, entusiasmados. Estaban como en su mundo, tocando en círculo, como en un fogón de amigos sin público. Después vino la larga espera, que concluyó hace apenas unos días, para tener por fin Roles y oficios, primer LP de Orquesta de Perros.

Trackealo

Se la quiero dar a los polacos... Con esa actitud desafiante y camorrera bien interpretada por el Soviético arranca Roles y oficios. Pero no se confundan, tras ese tema con dejos de violencia contenida y despecho (el último beso que me diste no me convenció/en realidad el primero tampoco), la cosa se suaviza. En Las inéditas ventajas del puerta a puerta, Lautaro Barceló hace gala de su voz tranquila y relajada para sugerir que repartir volantes es como volar, y terminar la noche en la estación. Con Fotocopias vuelven al grito tribal (similar a los payasos del circo de Moscú) cuando Pablo Matías Vidal cae en la cuenta de las cosas que hace uno por ser otro. Canción de amor con nombre de mujer, Inés seduce con labios grandes y mirada errante como de tercer guerra mundial, entre ruiditos y cierta inquietud. Llega Cara de pato, galopante ritmo en las bases de Juan Bautista Barcellandi y Pablo La Ferrara, para una historia que termina, lógicamente, esperando otro beso. Ya por la mitad del disco, el tema que le da nombre: Roles y oficios, con su ritmo rebotante que acompaña perfectamente el consejo de no rebotar la pelota si el basquet no es tu salvación.

Una bella intro de guitarra acústica da paso a Las comedias, con el mejor ejemplo que se le puede dar a un hijo: yo me rio donde sea... Se abre paso un destacable juego de voces, con frases superpuestas, en Rompo todo. En esa línea continúa el disco con un gag para músicos: Centro tonal se va con una reflexión optimista sobre la vida que, aunque tramposa, es hermosa. Hermosa también es la balada que sigue, En el camino: distingue lo superfluo de lo importante (cualquiera sabe cuanto vale un dólar/regalame un verso más), duda del saber (cualquiera puede decirte la hora, pero no la latitud), desconfía del destino (contando autos sin fe en la dirección). Todo enunciado con una melodía pegadiza, muy pegadiza. Un salto de la cama al agua, para nadar hasta cansarse, para bucear entre tus piernas, como Aquaman deseaba, acompañado de una guitarra indie que en una pincelada pone el toque justo de tensión. El gran finale es Velocidad roja, en el que Vidal y el Soviético se trenzan en un dueto sofocante (me ahogo, me ahogo) para ponerle tensión a un tema que había empezado cantando para adentro. Flauta traversa y punto final. O repeat all.

Fichalo

Orquesta de perros está conformada por el Soviético (voces, coros, guitarra acústica, flauta traversa), Pablo Matías Vidal (voces, coros, guitarra acústica, guitarra eléctrica), Lautaro Barceló (voces, coros, guitarra acústica, guitarra eléctrica, teclados), Pablo La Ferrara (bajo eléctrico), Juan Bautista Barcellandi (batería, percusiones, guitarra eléctrica, teclados). Además, participaron como invitados Germán “Capu” Giulodoro (banjo) y Eduardo Carreras (kinder gigante).

Excelente trabajo de grabación en Estudio Tolosa, con Gualberto De Orta (Ugo) y Eduardo Carreras, que además se ocupó de la edición y mezcla. La masterización corrió por cuenta de Graham Sutton, que por suerte parece haberle tomado el gusto a “esto que pasa musicalmente” en La Plata.

El diseño gráfico es de Gabi Rubí, y las fotos de Manuel Cascallar.

Editado bajo el inquieto sello Uf Caruf!, se puede escuchar on line desde el bandcamp, o se puede bajar gratuitamente desde acá. Así lo quieren ellos, por lo que (como público) no perdamos oportunidad de bancarlos cuando salga edición en formato CD, o cuando nos ofrezcan otra velada en un escenario.

Cerralo y guardalo

Entre los 12 temas que componen Roles y oficios hay talento. Les salió tan parejo que sería difícil la elección unánime de un hit: las subjetividades de cientos de oyentes encontraran su favorito en uno o en otro. O en varios. Y todas esas elecciones estarán bien. Tal vez por eso sea este un larga duración, más allá de los 43 minutos, más allá de la degustación apurada y ansiosa de los primeros días. Cerralo y guardalo. La semana que viene, a segunda vista, va a sonar todavía mejor.

lunes, 12 de marzo de 2012

El pulso rockero de las pampas


Un trio pampeano, afincado en La Plata, y que hace un poderoso rock progresivo por la huella de los viejos gigantes como los Who, Zeppelin, o los vernáculos Pappo's Blues y Vox Dei. Toda una novedad. No porque no existan otras bandas que se inscriban más o menos en la misma corriente, sino por la particular forma de encararlo que propone Knei (que de ellos, y su disco La puerta del sol, se trata). Técnicamente lanzado en el 2011 (el último día de ese año) pero recibido obviamente recién en este 2012, después de los brindis, las indigestiones y las resacas.

Un clima bien denso logrado a fuerza de guitarra grave y distorsionada (que se agudiza un poco en los solos), un bajo frenético y una batería machacante y con platillos por momentos exuberantes, a lo que se suma una voz que sin ser virtuosa arremete con aciertos rítmicos y entonaciones propias del género.

Desde ese ambiente oscuro Knei se permiten invocar en reiteradas oportunidades al sol. En el tema que da nombre a la placa lo hacen desde el título mismo, pero también aparece en El miedo (estás parada esperando a que el sol caiga despacio y termine el día), en la hiper densa Pompei (por vos me entregaré a la escencia del sol) y en el tema final Nuestro amigo (en el campo desierto, la lluvia de nuestro amigo sol), luego de pasar por Hasta que se ponga el sol (título sugestivo para el rock nacional de los '70 del cual son claros herederos).

Largos pasajes instrumentales, riffs hipnóticos, letras psicodélicas y frecuentes cambios de ritmo completan este paisaje musical sumamente agradable creado por Nico (en guitarra y voz), Ruso (en bajo) y Rob (en batería).

La puerta del sol contiene siete temas parejos para conformar este muy buen disco que deja Knei (y que se puede descargar desde acá) como muestra de su rock denso y duro. Como la madera del caldén.Enlace

jueves, 8 de marzo de 2012

Todo se transforma


La inmensidad puede resultar opresiva o liberadora. Lejos de la agorafobia, La gran perdida de energía se lanza a explorarla libremente, sin demasiados prejuicios. De esa exploración quedan huellas en el disco homónimo (segundo de la banda), editado a fines de enero por el sello Uf Caruf!

Con la excusa del post-rock, se acercan a la psicodélia y al rock progresivo, con composiciones de notas predominantemente agudas que hacen que no sea un disco oscuro. Los climas generados no tienen que ver con sensaciones opresivas sino bien aireadas o en todo caso tensas. Las guitarras de Salvador Barcellandi y José Delgado aportan ese aire, cierta frescura, sobre todo en las melodías de sonido más puro, que además suelen tener efectos hipnóticos. La tensión corre por cuenta de los platillos principalmente (tanto en el final de El mes del viento como en el intermezzo de Balsa, aunque no exclusivamente), agitados por Lisandro Márquez. El bajo ejecutado por Hernán Aguilar aporta calma, con cadencias y melodías mayormente relajadas.

Transitando la mitad del disco aparecen voces a cargo de Ana Lemes (junto a la banda), y la sensación de flotar desemboca en una vocalización breve, dulce, serena. Reaparece en Diente de león, epílogo mántrico en el que se asienta una declaración de principios a tono con el nombre del tema (me dejaré llevar por el viento, no me importará dónde bajaré).

Con esos elementos, La gran pérdida de energía propone un viaje de las profundidades marinas a los vientos cósmicos. Apenas un paso, apenas una inmensidad por recorrer.

Para bajar el disco y conocer la ficha técnica pueden pasar por el bandcamp de La gran pérdida de energía, o por el sitio del sello Uf Caruffffffff!

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Y llegué hasta donde estaba realmente oscuro, bajo un cielo sin luna pero preñado de estrellas, apenas guiado por la Cruz del Sur a mis espaldas y el sonido de las olas que (bien sabía) debía quedar siempre a mi derecha. Fue un tropezón en un montículo de arena lo que decidió el lugar. De cara al mar (o a su sonido) me senté. Recién cuando se fue el humo le dí play. Todavía se escuchaban las olas, ahora muy de fondo, lejanas, abajo, lejanas, afuera, lejanas... una estrella brillaba en color rubí...